Larra. Suicidio, amor y España

Hoy se cumplen 200 años del nacimiento de Mariano José de Larra, considerado uno de los mejores escritores y periodistas que ha dado España. Con motivo de tan importante bicentenario, se han programado una serie de eventos conmemorativos, que han sido inaugurados en un acto en el Ateneo de Madrid, presidido por los Príncipes de Asturias; el ministro de Cultura, César Antonio Molina; y el presidente del propio Ateneo. Además, ha estado presente el descendiente más directo del escritor, Jesús Miranda de Larra (quien, sorprendentemente, conserva la camisa que llevaba “Fígaro” el día de su muerte).

  
El Príncipe de Asturias inaugura los actos conmemorativos del bicentenario del nacimiento de Larra
El Príncipe de Asturias inaugura los actos conmemorativos del bicentenario del nacimiento de Larra

Han sido las palabras del Príncipe y de Jesús Miranda lo que me ha hecho reflexionar sobre la figura de Larra. Sobre todo, me ha hecho pensar sobre si hoy se suicidaría como hizo en 1837 (a la edad de 28 años). Según el descendiente “hoy no se habría suicidado”. Mientras tanto, el Príncipe afirmaba que su bicentenario coincide con la “etapa más larga de estabilidad, modernización y progreso de los españoles”. Permítame que lo dude, Don Felipe.  Permítame una reflexión, señor Miranda.

Retrato de Mariano José de Larra

Retrato de Mariano José de Larra

No piensen cosas raras, pero siempre me ha atraído la figura de las personas que deciden quitarse la vida, no por admiración, todo lo contrario (me parece un acto colmado de cobardía), sino porque me fascinaría saber, exactamente, qué pasa por la cabeza de una persona que decide quitarse de en medio, hasta qué punto llega su desesperanza, por qué no ve ni un mínimo de luz al final de su túnel. En este sentido, el suicidio de Larra representa el ideal de muerte del Romanticismo: vivir intensamente, sufrir por amor y morir joven. Así que las razones que le llevaron a tomar esa decisión quizás pudieron estar influidas por la “moda” de la época, una moda iniciada por el recomendable libro “Los sufrimientos del joven Werther”, escrito por Goethe en 1774.

A pesar de todo esto, “Fígaro” tenía lo suyo. Se casó en 1829 y tuvo tres hijos, pero su matrimonio nunca se caracterizó por el amor.  Dos años más tarde conoce a Dolores Armijo, una mujer casada con la que mantuvo una intermitente relación. Él estaba profundamente enamorado, o como decimos los jóvenes de hoy, “muy pillao”. Sin embargo, ella jugaba con Larra, (por seguir con la jerga actual) “pasaba bastante de él”. Cabe destacar, y perdonen el inciso, la profusa terminología juvenil en sufrimientos amorosos, y es que, a nosotros, también como en el siglo XIX, nos suelen joder bastante en esto del amor, porque perros y perras los ha habido siempre.  Siento irme del tema.

Así las cosas, decide marcharse, en 1835, a París (donde conoce a Alejandro Dumas y a Victor Hugo) y Londres durante poco más de un año.  A su regreso, se convierte, con 27 años, en articulista de “El Español”, el diario más importante de la época, erigiéndose, al poco tiempo, como el periodista más prestigioso y mejor pagado en España.  Sin embargo, esto no es suficiente, y sufre otro importante puñetazo amoroso: Dolores le devuelve todas sus cartas de amor. Por si fuera poco, Larra, con gran vocación política liberal (moderada) con cierto aire pre – regeneracionista, perdió su escaño como diputado tras el golpe de Estado progresista de agosto de 1836.

Placa conmemorativa en la casa de Larra

Placa conmemorativa en la casa de Larra

 De esta forma, descontento con su país, con la sociedad, con la clase política, con el porvenir de España, el 13 de febrero de 1837, recibe la visita en su casa de Dolores Armijo, quien termina definitivamente con la relación, pidiéndole que le deje en paz y que le dé todas las cartas que ella le había escrito. A los pocos minutos de marcharse de casa de Larra, éste se pega un tiro en la cabeza, frente al espejo.

Siempre he odiado al infrahumano que disparó a Lorca, (entre otras muchas cosas) por habernos privado de su obra futura. Algo parecido me pasa con Larra, siempre he odiado ese amor tan peligroso que, de la misma forma que te da las ganas de vivir, hace que seas capaz de volarte la tapa de los sesos. Dejó a la Humanidad huérfana de sus presumibles genialidades venideras. Como se suele decir, recurriendo a la (estúpida, como todas) frase hecha, el escritor “hizo una tontería”, porque el amor entontece hasta al genio más prolífico.

 En efecto, todo esto de mi curiosidad por la mente de los suicidas me ha hecho escribir una especie de cronología del proceso que llevó a Larra a quitarse la vida. A lo que me refería, y con esto termino, es que Larra, hoy, no se hubiera pegado un tiro…se hubiera pegado dos. Se hubiese desesperado con un país libre, sí, pero libre para que la clase política haga lo que le dé la gana y se llene bien los bolsillos. Un país con unas listas del paro que crecen exponencialmente. Un país donde el “periodismo” más seguido es el que está pendiente de con quién se mete en la cama el pánfilo de turno.  Poca “estabilidad, modernización y progreso” veo yo en los españoles.

Y por supuesto, un país (esto como todos los del mundo) en el que el amor hace perder incluso la inteligencia.

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~ por analistaextremista en marzo 25, 2009.

3 comentarios to “Larra. Suicidio, amor y España”

  1. De blog en blog y de Larra en Larra.
    Acabo de ver que El Mundo por este bicentenario ha hecho algo así como un dossier sobre Larra, puede que sea interesante. Yo no lo he visto.

    (irónicamente) Menos mal que el romanticismo le mató porque si con 28 años hizo todas esas cosas no me lo quiero imaginar si hubiera vivido 70. Menudo examen de historia del periodismo y de Literatura…

  2. Profunda reflexión. Bueno, más bien, profundísima reflexión. Yo también me he planteado el tema que has expuesto y la razón por la que te ha llevado a escribir este post. El problema está en que ‘nunca’ lo podremos saber. Es curioso. Además también creo que aunque lo llegáramos a saber, no podríamos entenderlo porque las ganas de vivir serían completamente distintas.

    Dejando el suicidio a parte, me ha gustado mucho tu “radiografía”. Y estoy de acuerdo contigo, hoy Larra, en vez de uno, se hubiera pegado dos !! Qué peligro…

    Respondo a Eva. Leí el dossier que El Mundo publicó con motivo del bicentenario de la muerte del periodista y, desde mi punto de vista, no me llenó. Eran artículos escritos por diferentes ‘personalidades’ sobre distintos textos de Larra y tampoco consiguieron ahondar en su escritura, en su figura como periodista… sólo comentaron y hesitaron qué se le pudo pasar a Larra por la cabeza al escribir ciertos textos. Curioso, por cierto, porque considero que habría temas y temas para abordar un dossier sobre sus 200 años. Pero bueno, es sólo un punto de vista más… Si os interesa, avisadme y os lo fotocopio.

    Adri.

  3. Me alegra leer de vez en cuando artículos o posts sobre una figura tan importante en la literatura española y sobre todo del periodismo español.
    (Que como bien comentáis, ya no es lo que era: periodistas hacen el trabajo de modelos y modelos y gentuza el de periodistas… pero también es verdad que ellos se lo han buscado al poner en una silla a gente que no está preparada.)

    Conozco bien la vida de Larra, porque afortunadamente soy su descendiente (Jesús Miranda de Larra es hermano de mi padre) y estoy de acuerdo en que con el ritmo que llevamos, hoy día lo volvería hacer.

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